Tlaxcala se harta del ahijado por incompetente; que se regrese a Morelos
Un gobierno que reprime, en lugar de escuchar, expresa el tamaño de su fracaso institucional.

El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos
La crisis generada por el desalojo de campesinos y transportistas en la carretera federal México–Veracruz, a la altura de Nanacamilpa, desató la rabia de los tlaxcaltecas frente a un panorama crudo que deja claro que en Tlaxcala no existe el diálogo ni la tolerancia para quienes se inconforman.
Desde la cúpula, la mandataria estatal, Lorena Cuéllar Cisneros, mantiene como secretario de Gobierno a su ahijado, Luis Antonio Ramírez, oriundo de Morelos, quien ha dejado claro que los problemas de los tlaxcaltecas poco le importan. Su objetivo parece ser el signo de pesos y exprimir todo lo que pueda a los ingenuos de la 4T que gobiernan desde Palacio.
La percepción ciudadana en contra de estas autoridades es evidente. Por dignidad, el ahijado debería regresarse a su tierra y buscar otro trabajo que le permita sentirse maniquí, lejos del sol, porque hasta ahora no ha entendido que su función es el diálogo y la mediación entre inconformes y gobierno, para evitar que los conflictos escalen a la violencia, como sucedió con los campesinos en Nanacamilpa.
No solo los ciudadanos, sino también líderes morales y partidistas han advertido que el segundo al mando en el gobierno no funciona: solo cobra y se pasea en su oficina. No entiende que su labor es de campo, no de escritorio, lo que refleja su holgazanería.
Respecto a la crisis que atraviesa el estado, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Tlaxcala, a través de Juan Manuel Cambrón Soria, exigió la renuncia del titular de la Secretaría de Gobierno.
Cambrón condenó el uso de la fuerza pública contra los manifestantes, quienes mantenían un bloqueo para exigir atención a problemáticas del sector agrícola y del transporte. El partido sostuvo que el despliegue anticipado de elementos antimotines evidenció una estrategia orientada a contener la protesta mediante acciones coercitivas, en lugar de privilegiar el diálogo.
“Un gobierno que reprime, en lugar de escuchar, expresa el tamaño de su fracaso institucional”, sostuvo.




