Bernardino Vazquez Mazatzi
Escritor y Periodista
Parece que falta mucho y, sin embargo, las elecciones del 2027 están a la vuelta de la esquina. Si bien estos no son tiempos electorales, o al menos no son tiempos legales, ninguno de los que aspiran y suspiran está quieto. Saben que el que santo que no es visto no es adorado y los políticos ansiosos, vaya que buscan la adoración de los electores.
En política todo se puede, aunque no esté permitido. Por eso es que vemos abiertas y descaradas acciones proselitistas de hombres y mujeres anhelantes de ser destinatarios de la bendición o la suerte o el derecho de ser los candidatos a un puesto de elección popular. Con el paso de los meses, veremos abierta confrontación interna en los partidos y violentas batallas entre aspirantes. No hay reglas y si las hay, valen para dos cosas…
Cínicamente, ciertos personajes asoman la cabeza y, sabiendo que no tienen la mínima posibilidad de alcanzar la nominación, alzan la mano con la intención de hacerse notar y después negociar alguna posición dentro de la administración estatal o municipal. Igual y confían en su suerte o en un error de las cúpulas partidistas; a veces los dioses están distraídos y llega al poder el o la menos indicada.
En estos tiempos aparentemente lejanos a las fechas marcadas por el destino del país, vemos cómo determinados políticos usan y abusan de los recursos públicos para promocionar su imagen y sin pudor pintan las paredes con los colores y mensajes que creen, les acarreará simpatía del pueblo y amor de los electores. En su mundo han escuchado la voz de la divinidad y de sus lambiscones para creer que son amados, insustituibles, merecedores, iluminados y futuros gobernantes…
Y también en estos tiempos se escucha la reiterada queja de los ciudadanos que enardecidos reclaman a los actuales representantes del pueblo su falta de resultados positivos, les reprochan su estancia inmerecida en el Congreso, en los ayuntamientos y en el gobierno estatal y federal y les señalan acciones de corrupción, de nepotismo, de enriquecimiento y de ser insensibles a las necesidades.
Pero no nos queda claro que esos funcionarios que no funcionan, que esos servidores públicos que no nos sirven y que esos seres que están traicionando sus ideales y la confianza social, no llegaron solos. Están ahí por el voto de los tlaxcaltecas, porque fueron a pedir, otra vez, el voto de los ciudadanos que volvieron a votar por ellos y que se han eternizado como castas superiores en el poder o que ya tienen nueve años en el mismo puesto con los mismos resultados…
El cambio no lo hacen los mismos, sin embargo, son los mismos los que están buscando “servir” pues quieres “sacrificarse” por el pueblo y para lograr sus objetivos ahora y después hacen y harán hasta lo imposible y eso, significa desconocer compromisos, romper lealtades, traicionar amistades y olvidarse de los valores y principios que hacen del político un ser privilegiado. En política no hay amigos, sino intereses, no hay principios, sino ambiciones.
En la actualidad, dice la voz popular, MORENA tiene todas las posibilidades de ganar cualquier elección pues la franquicia da para eso y para más. Aseguran que, si ponen a una paloma a competir, gana… quieren decir que no va a triunfar la mejor persona, la más preparada, la de mayor experiencia y trayectoria, sino quien aparezca en la boleta electoral. Y todavía nos quejamos de los gobiernos que tenemos y que olvidamos que nosotros elegimos.
El método de selección de candidatos dentro de los partidos, pero principalmente en MORENA, es también una burla. Fingen una encuesta en la que nadie confía. Nadie sabe a quiénes se aplica, de cuándo a cuándo, ni a cuantas personas entrevistaron y, mucho menos, se sabe de los resultados. Y si acaso se llegara a sugerir o a filtrar el nombre del presunto puntero en las preferencias, de todos modos, ponen a otro… al bendecido en el palomeo de la lista en Palacio Nacional. Muchos de los actuales gobernantes no ganaron… les dieron el triunfo.
Dicen los filósofos malintencionados o pensadores de mala fe que, si las elecciones sirvieran para algo, ya las habrían prohibido y aseguran que el resultado de las elecciones no se da en las urnas, sino en el escritorio. ¡Vaya democracia la nuestras! Algo habrá de cierto en todas estas aseveraciones pues la desconfianza hacia los políticos y gobernantes es generalizada y algo de razón habrá en lo que se dice habida cuenta de la animadversión hacia la autoridad electoral.