La pandemia llamada miedo

Bernardino Vázquez Mazatzi

Escritor y Periodista

Son tiempos de tenerle miedo a todo. Todos somos potencialmente peligrosos, sospechosos, contagiosos, agresivos. El temor nos sigue como sombra; es a veces nuestro apellido y nuestro rostro, nuestra esencia y nuestro aroma.

Es triste, es injusto y cruel tenernos miedo y cuidarnos los unos de los otros. Le tememos a la policía, a la ley, a la autoridad, a la mujer, al deporte, a la enfermedad y a la guerra, al amor y a la soledad. Somos víctimas y victimarios, culpables e inocentes de todo y de nada, somos el resultado de nuestros actos y nuestras omisiones.

Quién pudiera decir que iba a llegar el día en que la mujer le temería al hombre y que lo habría de considerar su contrario, su enemigo y su verdugo y no su complemento. Pocos imaginaron que la mujer habría de protegerse y de sospechar de seres de su mismo género y que serían víctimas de sí mismas como resultado de la manipulación y de los intereses que no tienen ningún interés en ellas.

En la real o supuesta lucha por la igualdad y por la reivindicación o por la obtención de derechos propios o de todas, las mujeres utilizan la violencia para exigir el fin de la violencia y se convierten en generadores y origen de temor, incertidumbre y agresión y son parte del problema por el que luchan.

El miedo es la pandemia que se expande, se cuela por los resquicios del alma, de la consciencia y la razón. La guerra mundial, palpable, tangible, visible, real y global es cierta y cercana, dolorosa y despiadada y su horror se expresa en las calles y ciudades de Ucrania y bañadas de sangre, y también se adivina el terror en la miseria segura y futura en países que llegarán a la miseria por los efectos de las batallas liberadas y liberadas en el terreno de la economía y el comercio mundial.

El mundo tiene miedo. El futuro es incierto, confuso y a veces improbable. La guerra ya empezó y sus consecuencias simplemente son insospechadas, inimaginables e indeseables. La batalla está en la producción de energéticos y de alimentos, en las importaciones y exportaciones, en el uso de la tecnología y la paridad de las monedas mundiales frente al dólar. En miedo es también a lo desconocido, a lo que produce incertidumbre y terror.

Da miedo caminar por las calles, sacar dinero del banco, subirse al transporte público, entrar a una oficina del ministerio público… Acudir a un partido de fútbol en donde también se dan cita bestias llenas de odio y desprecio por la vida humana y rechazo por el deporte. El miedo es nuestro reflejo en el espejo, es el eco de nuestra voz y a veces, nuestro destino ineludible y claro.

La humanidad tiene miedo de la guerra, de la pandemia, de la manipulación y del fanatismo religioso, político y deportivo, de lo que se hace y se deja de hacer, de lo que se dice y se calla. El gobierno le tiene miedo a la sociedad consciente y al pueblo organizado; la gente le teme al gobierno dictador, inepto, incompetente, corrupto y criminal. Todos tenemos miedo de todos.

Incluso le tenemos miedo a la libertad y a la felicidad. Y nos defendemos, construimos barreras, nos ocultamos y fingimos y mentimos para no dejar flanco que nos haga vulnerables y nos haga parecer fuertes e indestructibles.

Es injusto, es cruel e innecesario el miedo que ofrecemos y que recibimos pero es el miedo la pandemia que se extiende por todo el mundo y para la cuál no hay vacunas, no las habrá y su virus ya infectó a la humanidad.

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