El reparto de las culpas

Bernardino Vazquez Mazatzi

Escritor y Periodista

Culpar a los demás de todo lo malo que nos pase, ya sea en lo individual o colectivo, simplemente resulta muy cómodo. Evadir nuestras responsabilidades y repartir entre muchos, retazos de nuestras omisiones, más que solucionar problemas o esclarecer una realidad, nos convierte en parte de la enfermedad y nos induce al linchamiento general hacia quien se cruce en nuestro camino.

Así, la inseguridad pública, la basura en las calles, el mal comportamiento de los hijos, las adicciones o vicios de los adultos, la ausencia de valores humanos en grandes sectores de nuestra sociedad, no son sólo culpa de nuestros gobernantes sino una enorme desidia que empieza en lo particular y se ensancha en lo cultural hasta convertir a un pueblo o comunidad en una selva en donde las venganzas, los linchamientos, la sospecha y el caos son la normalidad y la forma de vida de aceptación generalizada.

La ausencia de principios, la pérdida del respeto y una nula educación desde el hogar forman individuos inconscientes, predispuestos contra toda forma de poder y contra todo lo establecido y son a la vez, carne de cañón e instrumentos de fácil manipulación y por lo tanto, factibles de ser utilizados para intereses ajenos a su bienestar y beneficios y mejoría en su nivel de vida. Es triste ver cómo mientras en las calles de cualquier estado de la república y con cualquier pretexto gente violenta e inyectada con el odio hacia el poder se enfrenta con la policía, a esa misma hora pero en lugares de lujo y rodeados de comodidades, líderes deshonestos negocian con el poder las prebendas a las que están acostumbrados y venden los movimientos a veces por migajas.

En México hay movimientos obscuros que reclutan y adoctrinan en el odio a grupos marginales o sectores inconformes y los preparan para oponerse a todo incluso sin saber en realidad contra qué luchan y por qué. De ahí que a veces veamos turbas fuera de control, ya manipuladas o programadas, agredir a la autoridad y ensañarse contra todo lo que encuentren pues finalmente no es su objetivo cobrar reales o supuestos agravios al poder, sino incluso lastimar y causar pérdidas a gente de su mismo nivel y condición social.

Una lucha sin sentido, sin rumbo y sin enemigo definido es un fracaso garantizado. Obedece más a la manipulación social, a un proyecto político, a una acción programada y a intereses particulares o de grupo que a una reivindicación, a la demanda de justicia o el reclamo por una identidad social. Las verdaderas luchas no utilizan la violencia, sino la inteligencia; los métodos de quienes buscan la justicia son la razón y la ley, el dialogo, el convencimiento y la resistencia.

Luego entonces, la desidia, la anarquía, el culpar a todos y nadie de los males nacionales si bien son en su mayor parte responsabilidad de los malos gobiernos, lo es también de cualquier ciudadano que inculca malos ejemplos las nuevas generaciones y los enseña a arrebatar en vez de pedir, a agredir en vez de dialogar, a gritar en vez de hablar, a negar en vez de abrir una opción o posibilidad. La realidad nacional cierto, es culpa de los malos y corruptos gobernantes pero pasa primero por el hogar en donde ya no hay respeto por los mismos miembros de la familia, en donde se enseña codicia, indolencia, irresponsabilidad, violencia y muchos elementos que construyen una sociedad a merced de la ignorancia y la brutalidad.

Ningún gobernante de ningún nivel va a darle buenos ejemplos a tu hijo que vive en tu hogar y del cual eres responsable, ningún gobierno es culpable de que la calle en la que vives parezca un muladar, nadie desde el poder es responsable del lenguaje ofensivo, sucio y agresivo de tu niña de catorce años, nadie más que tú es responsable de que haya enseñado a tus pequeños a fumar y a consumir bebidas embriagantes… sólo tú eres el culpable de que el muchacho crezca creyendo que la mujer es objeto y producto de compra y venta y desechable…

Crear una mejor sociedad es obligación de todos, no sólo de los gobiernos quienes por pereza, ignorancia, desinterés o por lo que usted guste y mande no sepan cómo ni para qué trabajar en crear gente consciente y responsable. Ante la realidad en la que vive nuestro país y que es negada por inercia por los gobiernos, al pueblo sólo le queda organizarse para vivir en una cultura de la legalidad y el bienestar común; pero, insisto, todo, absolutamente todo empieza desde el hogar.

Habrá que repartir obligaciones y responsabilidades, no sólo culpas.

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