Si es por la fuerza, no es bueno

Bernardino Vazquez Mazatzi
Escritor y Periodista

La violencia o el uso de la fuerza no justifica obra alguna y mucho menos si esa inversión no beneficia a la población en donde pretenda ejecutarse.

Si esa obra, de la que se trate, no tiene la aprobación del pueblo, no debe darse por autorizada poniendo como argumento un beneficio para una parte y reprimiendo como opción y alternativa. Si es por la fuerza, entonces no es bueno para nadie.

Lo ocurrido en San Pedro Ecatepec, municipio de Atlangatepec tiene varios mensajes y todos preocupantes en cuanto a que son abierta amenaza a quienes se opongan a todo o a poco. Guadalupe Ixcotla y Santa Cruz Guadalupe de Chiautempan deben leer ese mensaje con todo lo que representa.

En Tlaxcala, la incapacidad para dialogar y la ausencia de métodos para negociar, conciliar y negociar se reflejan en el uso violento del poder para imponerse. Si sus obras, acciones, proyectos, inversiones, desarrollo y progreso fueran buenas, el pueblo las aplaudiría y permitiría el acceso de los funcionarios y políticos a las comunidades entre aplausos y reconocimientos.

Y muy a pesar del régimen de gobierno federal y estatal, la percepción y certeza general o cuando menos la sospecha, es que hay poderosos intereses económicos para obligar a las comunidades a aceptar lo que esos pueblos saben que los va a afectar y dañar.

Si las políticas de desarrollo, crecimiento y progreso fueran reales como lo pregonan los gobiernos, la sociedad estaría en sinfonía con el poder y reiterarian su confianza apoyando cualquier acción institucional.

Pero no es así. Tanto en Atlangatepec como en Chiautempan hay una sospecha de que esas inversiones traen beneficios, y enormes, pero no para las comunidades.

En ambos casos los gobiernos han mentido y no han tenido la sensibilidad para hablar. Tal vez porque los argumentos institucionales son endebles, porque no garantizan la inclusión de los pueblos y porque se observan señales de intereses turbios y corrupción, la gente rechaza esos proyectos.

Los pueblos saben lo que dicen… son dueños de su historia arraigada como los árboles, la tierra, el viento y la lluvia… por eso la defienden; el gobierno de eso poco sabe y por eso ha apostado por la violencia y la represión.

Bienvenido el progreso de los pueblos, pero no así

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