Bernardino Vazquez M.
Escritor y Periodista
La política, los políticos y los gobiernos en México atraviesan por una grave crisis en muchos sentidos. Lo peor es que en su debacle y pésima imagen y realidad arrastran al país.
Para los gobernantes y dirigentes partidistas importa más imponer sus ideas y argumentos que solucionar los problemas internos y externos en materia de seguridad, economía, justicia y buenos resultados.
Las acusaciones de Estados Unidos en contra de la clase política y del poder nacional no necesitan de pretextos, de disculpas o guerra de acusaciones, sino de acciones concretas. Patéticos y ridículos se ven nuestros servidores públicos enfrentándose como si tuvieran las manos limpias o como si tuvieran autoridad moral para acusar.
Donald Trump no hizo otra cosa que ponerle sonido al pensamiento y sospecha de los mexicanos. Y a los políticos y al gobierno le enfurece que se haya dicho en voz alta la cruel y vergonzosa realidad de nuestro país. En Washington saben mucho y por eso actúan los gringos. Al poder le molesta que de allá salga la verdad o la acusación o la advertencia o la sospecha y el señalamiento.
El régimen actual tiene miedo porque sabe que con Estados Unidos no se juega. Los de la DEA hablan en serio y están seguros de lo que dicen… algunos o muchos de la política y del gobierno temen a la justicia norteamericana.
Los de aquí aben que en México los delincuentes han vivido gracias a la complicidad, la corrupción y la impunidad en un acuerdo vergonzoso y criminal negado por nuestros gobiernos y docuntado en el extranjero.
En la oscuridad del tema se pierde la confianza en los pocos sectores que no han sido tocados por las mafias y se magnifican las acusaciones y descalificaciones de los culpables que muchos, que han traicionado a los mexicanos
Da vergüenza escuchar la débil defensa de lo indefendible y de los acusados, al tiempo que abusan del poder para acusarse de traición a la patria y de narcogobierno.
México no merece esta pésima clase de políticos y esta corrupta clase gobernante. México exige al poder dejar de hacer el ridículo y asumir las consecuencias.