¿Mal presagio o destino?

Bernardino Vazquez Mazatzi

Escritor y Periodista

Tlaxcala termina el año 2021 de la peor manera, en un escenario inimaginable e indeseable. La muerte violenta de dos ciudadanos vino a ensombrecer los buenos deseos de una feliz navidad y un venturoso 2022. Tales hechos trágicos e incomprensibles cargados de mensajes ominosos llegaron también a ubicarnos como sociedad tlaxcalteca en una realidad negada por los gobiernos de cuentas alegres, el que rechaza la existencia de una entidad infectada con el virus de la violencia y la pérdida de valores.

La delincuencia consciente y común, la que es decisión personal de los individuos, la que cometen aquellos que se organizan para perpetrar delitos, la que se puede y se debe prevenir, la que tiene que ser enfrentada y erradicada o disminuida, la que también puede y debe ser responsabilidad de la sociedad y de los padres de familia, esa sí es atribuible a la ineptitud, incompetencia y hasta complicidad de las autoridades de todos los niveles. Eso no admite discusión. El Estado está fallando, no está al nivel de las exigencias ni necesidades del pueblo.

E iniciamos el 2022 en circunstancias totalmente adversas y nada promisorias. Violencia policiaca en Tlaxco, pueblo mágico, asaltos y robos en distintos puntos de la entidad, violencia contra la mujer multiplicada en varios municipios, amenazas del virus Omicrón del covid-19, un asesinato y un suicidio en Apizaco, capital del crimen y hasta el contagio a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros nos dieron la bienvenida. Sin contar con que el incremento en los precios de las gasolinas y de los productos de la canasta básica, lo que vendrá a devorar el raquítico aumento salarial también ponen su granito de arena a un panorama que pareciera desolador y de presagio.

Acostumbrados a echarle la culpa de todo y de nada a los gobiernos, nos olvidamos a conveniencia de la otra violencia, la que ningún poder puede prevenir y que subyace en el subconsciente de cada individuo dispuesta a despertar a la menor provocación. La violencia dormida y que reacciona a la menor provocación o por impulso, esa, no es responsabilidad del gobierno, sino de cada individuo que tiene que medir las consecuencias de sus actos o arrepentirse de un instante de intolerancia u ofuscación.

Poco se habla de la violencia que se incuba o se permite, se fomenta o se tolera, se niega y se ignora, todos los días, a todas horas, de muchas formas, desde el hogar, entre cuatro paredes, con el silencio y contribución cómplice de los integrantes de la familia y por desidia de los padres, por cobardía y por ignorancia de algunos, pero que contribuye desde lo individual y colectivo, a generar ese clima y predisposición a aceptar la violencia o a considerarla normal o justificarla y explicarla. Estamos muy mal.

Mientras tanto, el nacimiento de un nuevo año, el motivo para desearnos felicidad, ventura y logros en esta nueva etapa, a declararnos sentidas frases de buenos deseos, nos ilusiona con que la violencia alcance y afecte a otros, que sean otros los que se duelan, se arrepientan, se declaren en luto, pero no nosotros, que creemos imposible ser víctimas del delito, que no podemos ni debemos estar en un hospital o en las instancias judiciales y mucho menos en el panteón o en la cárcel pues esa otredad está lejana y es imposible.

El año pasado se fue dejándonos un pésimo sabor de boca. Se despidió cruelmente. Huyó por la puerta de atrás dejando lágrimas y luto en muchos hogares. El dolor, cortesía de los propios humanos que lo cedemos a raudales, fue la imagen y todo en la despedida de ese ya lejano 2021 y son esas mismas imágenes y formas las que nos vieron arribar a ese turbulento 2022, bajo la sospecha de que esa va a ser la normalidad durante los próximos 12 meses; nada bueno es todo eso.

Sin embargo, y esto es un deseo personal, ojalá esas condiciones y situaciones sean sólo un mal presagio y no un destino. Tal vez Tlaxcala pasó por un mal momento. Quizá hubo una pésima coincidencia de malos momentos y pésimas decisiones de quienes causaron dolor y provocaron violencia. Dios quiera y no se haga normalidad una ocasión, que el veneno del odio, las venganzas y la muerte no se vuelvan normalidad.

Ojalá, ojalá sea un mal y equivocado presagio y no el destino de nuestra existencia.

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