Opinión de Cristian Flores
Las imágenes suelen comunicar más que los discursos. Por eso no pasó inadvertido que el secretario de Gobierno de Tlaxcala, Luis Antonio Ramírez Hernández, iniciara una serie de reuniones con las dirigencias de los partidos políticos bajo el argumento de fortalecer el diálogo y atender temas relacionados con la democracia.
El diálogo institucional siempre será bienvenido. La construcción de acuerdos forma parte de cualquier sistema democrático; sin embargo, el momento en que ocurren estos encuentros también importa. Tlaxcala comienza a entrar en la antesala del próximo proceso electoral de 2027 y cada movimiento político adquiere una lectura distinta.
Las reuniones con Morena y el Partido del Trabajo difícilmente sorprenden. Ambos institutos han acompañado al gobierno estatal y mantienen una relación política evidente. La interrogante surge cuando el turno llega para quienes, en teoría, representan la oposición.
El caso del PRI resulta particularmente interesante. La dirigencia estatal encabezada por Enrique Padilla ha mantenido un perfil que pocos identificarían con una oposición firme frente al gobierno de Lorena Cuéllar. Las críticas más visibles hacia la administración estatal han provenido, en cambio, de la delegada nacional María Moguel, quien ha asumido una postura mucho más confrontativa y critica.
Por eso la pregunta no es si el secretario de Gobierno debe reunirse con los partidos. La pregunta es si esos encuentros fortalecerán la vida democrática de Tlaxcala o terminarán diluyendo las diferencias políticas que deben existir en un sistema plural.
La democracia necesita diálogo, sí, pero también necesita contrapesos, algo en el estado no existe, solo una oposición sumisa, doblegada y otros, solo hacen llamados a misa como el PRD.
Las fotografías que circularon en redes sociales terminan por reflejar una simple simulación entre el gobierno del estado y los partidos políticos. Para la administración de Lorena Cuéllar resulta más cómodo gobernar sin una oposición firme que cuestione sus decisiones. Al final, todos caben en Palacio.
Lo verdaderamente importante vendrá después: saber si cada partido mantendrá su independencia o si el diálogo institucional termina convirtiéndose en la comodidad política que tanto daño hace a la democracia.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.