Opinión de Cristian Flores
El pasado martes, durante la sesión pública del Congreso del Estado, Morena mostró su verdadero rostro autoritario. Con la mayoría que le otorgan sus diputados arrodillados a la dirigente de Morena, Marcela González y a la gobernadora Lorena Cuéllar, el grupo parlamentario oficialista y sus afines, aprobaron la iniciativa del obediente Emilio de la Peña Aponte, que reforma el artículo 24 de la Ley Municipal. La iniciativa establece que, tras 15 días de ausencia del alcalde, el suplente podrá asumir el cargo. Pero lo que Morena no dice es que esa misma iniciativa ya había sido presentada el 7 de mayo por la diputada del PRD, Laura Yamili Flores Lozano. Prácticamente se la copiaron.
La propuesta del PRD buscaba terminar con las imposiciones de los alcaldes que solicitan licencia, estableciendo que cualquier falta del presidente municipal (temporal o absoluta) debe ser cubierta por el suplente, y además sancionar a los cabildos que no respeten la ley.
Lo más grave ocurrió en el pleno. La diputada Soraya Noemí Bocardo subió a tribuna para solicitar información a la Comisión de Puntos Constitucionales, Gobernación y Justicia y Asuntos Políticos, encabezada por el diputado Jaciel González Herrera. Quería saber si el dictamen de la iniciativa de Emilio de la Peña había sido analizado a fondo, sobre todo porque era prácticamente la misma que la del PRD. Pero Jaciel González, se defendió en tribuna y justificó lo injustificable. Dijo que el dictamen se había votado el lunes en Comisión, porque “cumple con todas las características, con todo el formato legislativo”, y recurrió a la fiel arma de todo político: la mentira. Afirmó que la Comisión “no tuvo conocimiento de dicha iniciativa previo a su dictaminación” y pidió “respetar el formato legislativo”.
La diputada Laura Yamili no se quedó callada. Pasó a tribuna y denunció que se decidió deliberadamente ignorar su iniciativa para construir otro dictamen a modo. Reveló que ha presentado 17 iniciativas en dos años y ninguna ha sido dictaminada por la Comisión de Puntos Constitucionales. Denunció la discrecionalidad con la que se decide qué iniciativas pasan y cuáles no.
Al momento de la votación de la iniciativa de Emilio, las diputadas Miriam Martínez del PAN, las morenistas Ana Berta Mastranzo y Gabriela Islas, y las independientes Soraya Noemí Bocardo y Blanca Águila Lima, junto con Laura Flores, votaron en contra. Seis votos qué no fueron suficientes contra 19. La mayoría oficialista, disciplinada hasta el tuétano, aprobó la iniciativa de Morena.
Lo cierto, es que la Comisión de Puntos Constitucionales no respeta la agenda legislativa de los diputados, mucho menos la pluralidad de los grupos de oposición. Y así como esa iniciativa, hay decenas que se están pudriendo en la congeladora.
No cabe duda, que el Congreso, a través de la Junta de Coordinación y Concertación Política encabezada por Ever Alejandro Campech Avelar, se ha convertido en una simple oficina de trámite del Ejecutivo. Un poder legislativo qué está de adorno y con fachada democrática, que solo válida lo que Lorena Cuéllar y Marcela González deciden en sus reuniones privadas.
Los ciudadanos no somos tontos. Vemos el teatro legislativo y sabemos quiénes son los verdaderos dueños del juego. Morena tuvo la oportunidad de legislar con seriedad, de acabar con los abusos de los alcaldes que imponen sucesores a dedazo. Prefirió proteger a los suyos y simular. Eso no es legislar, es maquillar el gobierno de los que siempre mandan en Tlaxcala.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.