El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos

Entendieron mal: Morena no es una pleito entre Alfonso Sánchez y Ana Lilia Rivera

En política, cuando las reglas no se dicen, pero todos las entienden, es porque el verdadero juego ya empezó desde antes.

En Tlaxcala se está queriendo vender la idea de que la sucesión interna de la Cuarta Transformación es una pelea directa entre personajes, como si todo se redujera a duelos personales o a “quién le gana a quién”. Pero la realidad, aunque incomode a algunos, va por otro lado: esto no es una lista de rivales, es un proceso de acomodo político bastante más calculado.

Ahí están los nombres que ya empiezan a moverse, del lado masculino aparecen Óscar Flores secretario de finanzas con licencia del Estado de México, el presidente municipal con licencia de Huamantla Salvador Santos Cedillo (PVEM), el alcalde con licencia de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, el ex dirigente del partido morenista Carlos Augusto Pérez Hernández, el diputado federal con licencia Ray Vázquez Conchas, y del lado femenino figuran la senadora con licencia Ana Lilia Rivera, la diputada federal Irma Jordana Garay y Dulce Silva. Y a partir de ahí se ha querido construir una narrativa de choque directo, sobre todo entre figuras como Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez como si fueran finalistas de una pelea uno a uno.

Pero ese es justamente el error de lectura —o la conveniencia política de algunos—: el proceso no está planteado como una guerra abierta entre “fórmulas mixtas”, sino como una competencia separada por género, donde cada bloque se ordena internamente antes de cualquier definición mayor.

Y eso cambia todo. Porque entonces no estamos hablando de “Ana Lilia contra Alfonso”, sino de dos rutas distintas de competencia y negociación política. Cada quien juega su propia liga, con sus propios tiempos, sus propios acuerdos y sus propios pesos dentro del movimiento.
Lo interesante es cómo en medio de esto se han ido tejiendo discursos de “unidad” que suenan correctos en el papel, pero en la práctica todavía no terminan de aterrizar. Ana Lilia Rivera ha mantenido una postura institucional, sin entrar en confrontaciones abiertas, y con una línea clara de no romper con la gobernadora Lorena Cuéllar, aunque tampoco ha hecho mayores pronunciamientos que cierren completamente el tablero.
Del otro lado, Alfonso Sánchez ha buscado bajarle volumen al conflicto, insistiendo en que si de verdad se quiere gobernar o seguir gobernando, tienen que dejarse de lados personales y apostar por un acuerdo de unidad. Su lectura es simple, pero política: si no hay cohesión, no hay proyecto que aguante.
El problema es que en Tlaxcala la política no siempre se mueve al ritmo de los discursos de unidad, sino al ritmo de los equilibrios reales. Y hoy esos equilibrios no pasan por ver quién “le gana” a quién en lo personal, sino por cómo se acomodan los grupos, cómo se negocia el género como criterio de selección y cómo se construye —o se impone— una candidatura que no rompa el tablero.
Al final, lo que estamos viendo no es una pelea de egos, sino un reordenamiento interno donde el poder se está repartiéndose con reglas no tan explícitas, pero bastante claras para los que juegan dentro.
Y en política, cuando las reglas no se dicen, pero todos las entienden, es porque el verdadero juego ya empezó desde antes.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button
WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com