Violencia y elecciones

Bernardino Vazquez Mazatzi

Escritor y Periodista

El panorama luego de las ejecuciones de importantes personajes cercanos al poder son un claro mensaje de quien o quienes mandan en algunas regiones del país. Cualquier vecino inocente, desorientado, desinformado o bien intencionado creería que el pueblo vota por quienes van o deben gobernar, sin embargo, en la realidad, nuestros gobernantes entregan el mando al crimen organizado, o ceden ante las amenazas, las presiones o el dinero de la mafia.

Arriba hay arreglos, negociaciones, acuerdos, intereses… y estos deben mantener un perfecto equilibrio económico y político; el mínimo desajuste, error, traición, falla o deslealtad se paga con la vida. Quien le entra al jugo no tiene ninguna posibilidad de salirse pues el sólo intento es cobrado con la existencia. En realidad, los acuerdos son desde que los partidos proponen y es la delincuencia la que aprueba o desaprueba; después inician las presiones, las amenazas, los acuerdos.

Simplemente muchos no estarían en el poder si no fuera por la anuencia, el apoyo, el financiamiento y la protección del cartel y aquellos que han cambiado de opinión o se les ha ocurrido exigir más o han querido modificar la naturaleza del acuerdo sencillamente ya no están entre los vivos. Eso no es nuevo. Con el paso de los años, la unión de estos poderes se ha fortalecido y es ya común o natural esa forma de convivencia, muchas veces con el desconocimiento de la sociedad inocente.

El poder económico, político y financiero se sostiene por conveniencias recíprocas. Desde arriba los de arriba se cuidan, se vigilan, se delatan, se matan, se enriquecen, se perpetúan, crecen y se expanden. La gente es sólo votos, cifras, dinero, materia prima y pretexto. El verdadero poder no está en el pueblo, el dinero no lo genera la empresa ni la mano de obra, la paz y la armonía no radican en las instituciones, sino en el orden dentro del verdadero poder.

Así es que la explicación para tantos homicidios de candidatos de todos los partidos, de regidores, de presidentes municipales, de líderes sociales y dirigentes partidistas se encuentra en el reacomodo de esas agrupaciones ominosas, está en los acuerdos por intereses económicos y en el reparto del gobierno en cualquiera de sus niveles y regiones del territorio nacional. Y rio de sangre va a continuar porque hay traiciones, desconocimiento de acuerdos, mal reparto del dinero y del poder, desobediencia de unos y ambiciones de otros…

Y, por si fuera poca esta tragedia nacional, el gobierno guinda nos impone una estupidez disfrazada de democracia con las elecciones para renovar el poder judicial… si bien nadie en su sano juicio aprueba los vicios y excesos de esos como monarcas en el poder judicial, tampoco alguien aprueba esta ocurrencia de elegir en las urnas a jueces, magistrados y ministros. Si la gente no lee un libro, menos van a leer un tríptico con la trayectoria de los que quieren y sueñan sin saber que, como en el futbol mexicano, ya está el ganador, sólo falta el partido.

El peligro de una elección simulada que legitime a personajes al servicio del poder o de otros intereses oscuros es real. Los mismos organizadores, desde el Senado de la República y desde el INE han aceptado que entre los inscritos hay gente que no debió estar registrada y mucho menos participar en la elección. Se ha documentado la existencia de hombres y mujeres que quieren llegar al poder judicial con objetivos nada dirigidos a la aplicación de la ley o el servicio de la justicia.

El interés de la población por el proceso del uno de junio es casi nulo. La logística es impronunciable pues no es humanamente posible alcanzar una cifra de votos para legitimar la elección y a los ganadores y el conteo, el escrutinio y la entrega de las constancias de mayoría son un cuento negro o un chiste de mal gusto que no va a convencer a nadie.

Visto así, el proceso electoral en puerta parece un mal chiste, un capricho que costará cientos de miles de millones de pesos en un país en donde no habrá inversión en obra pública, en una nación en donde no hay medicamentos ni médicos, en donde la delincuencia se ha adueñado de casi todo y en donde la corrupción y la impunidad son la verdadera naturaleza del poder.

Y mientras México se desangra, mientras aumenta el número de desaparecidos, en tanto siguen a la laza los homicidios y la delincuencia común, aún hay gobiernos que con todo cinismo declaran que publican que su territorio es la sucursal del paraíso. Que poca… me cae.

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