Bernardino Vazquez Mazatzi
Escritor y Periodista
la política y los políticos siempre han estado en guerra, sea esta real o simulada. Aunque recientemente sus diferencias, sean auténticas o de a mentiras, las han subido de tono y se exhiben sin pudor y enseñan lo que es su esencia y realidad, y los miramos degradando a la política y enseñando un muy bajo nivel de capacidad para dialogar y acordar.
El Congreso de la Unión ha sido transformado por los legisladores en ring de boxeo y en espacio de agresiones, descalificaciones, ofensas y todo tipo de actos que no están a la altura de las necesidades del país y los mismos diputados y senadores confirman que no cumplen con las expectativas de los mexicanos que esperaban resultados positivos en bien del pueblo.
Definitivamente, muchos legisladores son una vergüenza para la política y para México. De esos muchos el pueblo no conoce aportaciones a la democracia y al desarrollo de la nación. Quiérase o no, si la sociedad conoce algo o mucho de sus “representantes” es por sus intervenciones en tribuna en donde sólo expulsan su ignorancia, su frustración y su incapacidad para dialogar y llegar a acuerdos.
Y con sus acciones alimenta la idea de que han convertido el Poder Legislativa en una oficina de trámite del Poder Ejecutivo y que están ahí, unos, para obedecer a ciegas y otros, para rechazar todo y a todos también a ciegas. La gente cree que los enfrentamientos entre senadores y diputados en ningún momento obedecen a los intereses supremos del país y que hay mucho por defender y repartir entre la misma clase en el poder.
En términos generales, los legisladores federales han puesto en riesgo la confianza de la sociedad y han echado a la basura la credibilidad en la política. Electos por un partido, ahora se han cambiado a otro por un puñado de dinero, por el perdón a su pasado ignominioso o por presión del poder que, como cósmico agujero negro, devora todo y elimina resistencias.
Cada vez es más notable ese poder del régimen y del partido del gobierno que logra como por milagro purificar y santificar a todo aquel político que olvide su oprobioso pasado opositor y se santifique pintándose de guinda y los pecadores políticos logran la gloria y ganan la gloria eterna arribando al edén de la 4T pues saben que vivir fuera de MORENA es vivir en el error. El pueblo, mientras tanto, se horroriza con semejante aberración pues los intereses hacen olvida ideologías y filosofías partidistas: al final todos son uno.
Los escándalos de los legisladores, se llamen como se llamen y sea cual sea su partido de origen y sin importar la entidad federativa que “representen, hacen llorar y reír a los mexicanos que ya no saben si reclamar o conformarse con su clase política que más ridículo no puede hacer. Lo mismo Cuauhtémoc Blanco que Adán Augusto, Lily Téllez o “Alito”, la sociedad mexicana encuentra en ellos un bufón que surte de ocurrencias, ofensas, agresiones y disparates a la audiencia de los noticieros y redes sociales.
No hay para dónde hacerse… no hay qué elegir, no hay opciones. Todas las fracciones parlamentarias en el parlamento mexicano son destino de políticos marcados por la deshonra y todas tienen integrantes que son vergüenza en sus entidades. Así es que se distinguen por su excesivo protagonismo surgido de su falta de proyecto legislativo o por su ignorancia en casi todo. Muchos se comportan como auténticos vándalos ero de iniciativas, de propuestas, de resultados positivos, nada.
Porque no hay que negar que, en los estados de la república mexicana, muchos ciudadanos ni conocen a sus diputados federales y senadores. Si los vieron alguna vez fue durante la campaña si es que hicieron. Y no sabemos de ellos ni siquiera utilizando el discurso de sus patrones, mismo que tuvieron que aprenderse como himno y consigna pero que no reproducen porque no lo sienten.
Que si hay excepciones, claro que las hay. Y muy honrosas y dignas. Pero se cuentan con los dedos de las manos. En términos generales, los gobiernos de todos los niveles han quedado a deber y de los legisladores ya mejor ni escribir. Cualquiera que sea la reflexión, el resultado será siempre el mismo. No es esta la política ni los políticos que merecemos.