Los partidos y los políticos nos han fallado

Bernardino Vazquez Mazatzi

Escritor y Periodista

La historia de Javier Duarte de Ochoa es el resumen del abuso del poder, la pérdida del sentido de la realidad y los valores de los funcionarios públicos pagados con los impuestos del pueblo y un claro ejemplo del grado de descomposición del sistema político en México.

Al puro estilo de los más despreciables dictadores del mundo, con la escuela del viejo PRI que se niega a morir y con la misma sed de riqueza a la que se llega por encima de quien sea, el ex gobernador del estado de Veracruz dejó a su paso saqueo, una sociedad ensangrentada, muerte para los opositores en especial para los periodistas, un cementerio en todo el territorio estatal y esa cruel realidad de la impunidad y la corrupción como la más cruel realidad.

No se trata de partidos, sino del comportamiento humano y de un sistema político caduco. El poder sólo muestra al hombre tal y como es y más cuando carece de valores y objetivos, pero no lo transforma, pues hay que entender que el poder sólo se sube a la cabeza cuando encuentra un cerebro vacío. A los políticos, desde las siglas y colores que los proponen y hacen ganar, hasta los seres que en lo individual aspiran y luego llegan al poder, lo que les falta es honor, dignidad, vergüenza y dirección, no consecuencias traducidas en acusaciones, persecuciones, castigos y sentencias “si educas a los niños no tienes por qué corregir a los adultos” dice la sabiduría de los filósofos.

A estas alturas de la democracia que en México se quedó en la etapa de construcción, y ante las evidencias de un sistema político que se negó a la perfección, lo que nos queda como sociedad, cultura y nación es pensar en una forma diferente de organizarnos desde y en la política y elegir a nuestros gobernantes con un sistema que impida la pérdida del rumbo de los servidores públicos de todos los niveles para no tener después que enfrentar una guerra de declaraciones y acusaciones que al final de cuentas lo que vienen a hacer es retroalimentar a esta misma democracia caduca, imperfecta y al servicio de unos cuantos.

En estos momentos el tema de moda es la corrupción entre los gobernadores del PRI, porque en realidad son muchos los mandatarios estatales que han traicionado al pueblo que los puso y que confío en ellos. Pero no existe ninguna garantía de que hombres y mujeres emanados al poder desde otros partidos no vayan a ser lo mismo, o peor. De hecho hay muchos gobernantes que desde cualquier sigla y color han perdido el rumbo y se han enriquecido de manera ilegal y ofensiva y han tenido que huir como lo que son: delincuentes. Cobardes y miedosos, pero rateros. Luego entonces el asunto no es que sean del partido que sean, sino que colocamos en el poder a gente sin principios, sin vergüenza ni dignidad ni honor.

En México y en los países latinoamericanos en desarrollo tenemos esa mala costumbre de elegir a gente sin escrúpulos que sólo espera la oportunidad de llegar para colocarse al lado de la delincuencia organizada como son los casos de… muchos, muchísimos lados de nuestro país. Todos los lugares, en todos los tiempos, de todos los partidos, de todas las religiones y siempre, hay ejemplos de corrupción, de robo, de saqueo, de delincuentes que arriban al poder por el voto carísimo de una sociedad ya incrédula y hasta indolente ante tanta miseria, tanta porquería y cinismo del sistema. Nos duele la realidad; nos duele que se nos diga; no duele que sea verdad.

En este sexenio… o en la segunda década del siglo XXI, o en la era de la tecnología y de la informática o en la conjunción de los astros o hasta por la mala suerte, en México y en el PRI se ha dado pero de forma más ostensible, estos casos de corrupción y de persecución de gobernadores que no son nuevos ni exclusivos del partido en el poder federal… siempre ha sido así pues siempre el hombre se ha dejado vencer por sus ambiciones e intereses y ha traicionado al pueblo que lo colocó y lo mantiene en el poder.

A México le urge retomar el rumbo en materia electoral, le urge una nueva mentalidad y actitud, un nuevo impulso y una mejor forma de percibir su realidad y necesidad democrática. Hay que llevar a los traidores del pueblo a la cárcel, hay que señalar y exigir justicia sin impunidad, pero que hay que proponer otra forma de convivencia política para el desarrollo social pero esa tarea no debe ser exclusiva de los partidos y de los políticos que ya se ha demostrado, nos han fallado. Javier Duarte es el peor ejemplo de.

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