LA RESILIENCIA: ¿QUE ES?, ¿PARA QUÉ SIRVE?

María del Socorro Arana Hernández.

José de Jesús Rogelio Rodríguez Maldonado.

Resumen.

Cuando te sientes “mal” y no sabes qué decir, qué hacer, y solo te invaden sentimientos “raros”, que no se identifican con exactitud, justamente por lo que estás viviendo: crítica por quien según tu percepción te ama; violencia emocional, psicológica, verbal y hasta física; ruptura sobre todo amorosa y, también familiar; y/o despido laboral, entre otras situaciones-condiciones; ¿qué haces?, ¿con quién vas?, como sales de esa?; Lloras hasta “agotarte”, brincas y corres para no sentir?; en fin, una pléyade sin duda inagotable de: “opciones”?, “salidas”? o formas que te son muy naturales e intrínsecas, o “impuestas”?, propuestas?, buscadas? o simplemente no preparadas con elocuencia académica, humanista o filosófica como la resiliencia.

¿Qué es?, ¿para qué sirve?, ¿cómo se come, cómo se aplica, dónde se consigue o se compra?, son algunas preguntas-inquietudes que nos impulsan a abordar en el presente ejercicio e intento de escribir de manera articulada, y quizá nunca alcance el nivel estricto y riguroso de ensayo.

Antecedentes:

El dolor es inevitable, el sufrimiento “emocional”, es ¿opcional?; Desde visiones progresistas, constructivistas y hasta funcionalistas, la respuesta podría ser sí, claro que es opcional, porque sufrir por sufrir, es inútil, insulso, te desgasta, te marchita, te disminuye, te mata; no te retribuye en nada; pero, cuando “tocas fondo” y “te das cuenta” de todo esto “adverso”, nocivo o negativo que “deambula” acompañando al nervio vago, desde tu cabeza hasta el dedo gordo del pie; con todo y los once sistemas que te hacen sentir y tener “cuerpo”, ¿qué pasa?: ¿te cae el veinte?, se hace un click y surge la ¿ “solución”?, eureka!: resiliencia al rescate!. Desde el más abismal sufrimiento y profundo dolor, producido análogamente por el enorme poder de construcción sobre el potencial emocional de uno como persona.

Del origen etimológico, la palabra “resiliencia” proviene del latín resiliens, que significa “rebotar” o “volver a la posición original”. Muy ad hoc como respuesta a la inquietud de qué pasa o qué nos hace ser o hacer cuando se vive lo descrito en los dos párrafos anteriores, pues al llegar y tocar fondo, “rebotas” para volver, no a la posición original, ¡sino a otra mejor!, a ser y tener de ti misma y de ti mismo, una mejor versión: más fuerte, más estable, más ecuánime, más, más y más. ¿Para qué el más?… para “resistir”.

El significado etimológico de “resistir” viene del latín “resistere”. Este verbo se compone de “re-” que significa “contra” o “de nuevo”, y “sistere” que significa “poner o tomar una posición”. Por lo tanto, “resistir” originalmente significaba “tomar una posición contra algo” u “oponerse”.

En otras palabras, resistir, es la acción que se “practica” en el día a día, minuto a minuto de la vida, pues gracias al proceso natural del desarrollo humano entendido como el crecimiento inherente del humano, desde el momento de la fecundación hasta el último suspiro, se tienen episodios como “grandes oportunidades” para demostrar, practicar y fortalecer la resisteliencia.

Argumentación.

Concepto desde la Psicología evolutiva, (resiliencia) que surge de la inquietud por identificar aquellos factores que facilitan a las personas sobreponerse de manera exitosa a la adversidad y dificultades que se presentan en sus vidas (Puerta y; Vásquez, 2012).

Badilla (2016), precisa estos factores de origen social e individual y pueden modificar el concepto tradicional de factores de riesgo, pues una situación adversa en lugar de tener una consecuencia fatal, puede constituirse en un factor positivo o “de resiliencia” que contribuye al mejoramiento de las condiciones de vida de una persona y su entorno.

Gracias a experiencias con nombre y apellido, que, en medio de condiciones muy adversas, logran enfrentar con éxito sus dificultades y rompen con las expectativas de fracaso que se les vaticina, se logra que sea una de las tendencias actuales para abordar, ya no desde la naturaleza negativa del problema sino desde su superación a partir de las potencialidades de la persona en relación con su entorno adverso o no.

Sin embargo, seguimos preguntando y teniendo la inquietud: y ¿cómo se le hace?, ¿qué se toman?, ¿se pellizcan?, se dan dos machincuepas y, listo!, aprendes y desarrollas “mecanismos protectores” o de ¿“resiliencia”?.

Desde la metalurgia, la palabra resiliencia se designa a la capacidad de los metales de resistir a los golpes y recuperar su estructura interna. En osteología, se ha usado para expresar la capacidad que tienen los huesos para crecer en sentido correcto, después de una fractura.

Palabras como golpes, resistir, recuperar, capacidad, crecer, correcto y fractura, “resuenan” y aparecen de nuevo en escena, y como sugiere: y me sumo a la canción: y ¿todo para qué…..?.   En la opinión conductista de Rutter (1993) se reduce a una suerte de “flexibilidad social” adaptativa, ya que “todos los estudios de factores de riesgo han revelado una considerable variabilidad en la manera en que las personas responden a la adversidad psicosocial. Aún con experiencias horribles, suele encontrarse que una proporción considerable de individuos no sufre secuelas graves. Si tan sólo supiéramos qué es lo que permite a las personas liberarse del daño de graves experiencias adversas, tendríamos a nuestra disposición el medio de incrementar la resistencia al estrés y la adversidad”.

Ésta ¿es una fórmula?, ¿una receta?, si la sigo tal cual, logro saber, tener y practicar ¿la resiliencia?, o sólo “uso” a mi favor -si es que lo sé y lo hago- el “conjunto” de…algo, llamado ¿resiliencia?; Desde el punto de vista de la acción: se le puede profundizar por los aportes de las ciencias, de las experiencias concretas de base e incluso de las artes. La resiliencia es una interacción creativa entre los recursos personales y los recursos sociales (Gardiner, 1994).

Es la aptitud para resistir a la destrucción, es decir, preservar la integridad en circunstancias difíciles; la actitud de reaccionar positivamente a pesar de las dificultades (Vaniestendael,1994).

Es decir, que cuando te amenazan, violentan y amedrentan que te van a correr del trabajo después de más de 35 años laborados, debes “activar” tus fuerzas que quien sabe dónde las tienes y de dónde salen, para “aguantar”, y ser fuerte, estar lúcido y saber qué decir, qué expresión corporal manifestar, pero y, sobre todo, gran oportunidad de utilizar tu capacidad creadora, para resistir a la destrucción del golpe, el trauma, y todo lo que desborde en el presente y en el futuro.

Los expertos dicen, que la herida o el daño es un hecho real, pero a pesar de las heridas infringidas, para muchos el trauma debe ser instructivo y correctivo. Así que, ánimo, nada se pierde y sí, todo se gana, más aún si descubres que tenías eso que no sabías que estaba ahí, pero que te “despierta, surge” y te hacer ser… mejor persona cada día!.

 El ambiente laboral, familiar, social, religioso, político y hasta ambiental, continuamente presenta demandas, estresores, retos y oportunidades. En algunos casos estos podrían convertirse en obstáculos (dada una complejidad de otros factores, -genéticos, neurobiológicos, familiares y comunales-) para el desarrollo de la fuerza, de la resiliencia o producir una disminución en la capacidad de resistencia, para enfrentarse a la adversidad.

Dentro de la llamada “perspectiva de las fuerzas”, es una forma diferente de ver a los individuos, familias y comunidades. Todos deben ser vistos a la luz de sus capacidades, talentos, competencias, posibilidades, visiones, valores y deseos que, aunque hayan sido frustrados y distorsionados, operan en las circunstancias adversas, opresiones y traumas. El enfoque de las fuerzas requiere una contabilidad de lo que las personas saben y de lo que pueden hacer. Requiere la composición de un catálogo de recursos existentes, dentro y alrededor del individuo, la familia y la comunidad (Salebeey, 1996).

Es interesante ver y comprender que hay una gran variedad de respuestas tanto individuales como colectivas, frente a los eventos y circunstancias adversas. Infinitas formas creativas en que las personas enfrentan y construyen sus respuestas para generar procesos de resiliencia que en definitiva son armas que utilizan en su cotidianeidad y en experiencias difíciles que a menudo se generan en ella.

Sirve de mucho saber, que desde el decenio de los años ochenta ha existido un interés creciente por tener información acerca de aquellas personas que desarrollan competencias a pesar de haber sido criados en condiciones adversas, o en circunstancias que aumentan las posibilidades de presentar patologías mentales y/o sociales. Se concluyó que el adjetivo resiliente, tomado del inglés resilient, expresa las características mencionadas, y, que el sustantivo “resiliencia” expresa esa condición.

Así, el término fue adoptado por las ciencias sociales y gracias al abundante material de estudios de caso, para caracterizarnos que, a pesar de nacer y vivir en condiciones de alto riesgo, podemos desarrollarnos psicológicamente sanos y socialmente exitosos.  Entonces, no es que no tengas otra opción; es que debes y puedes aún y contra todo.

En base a ello, la resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción; es decir, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión; y, por otra parte, más allá de la resistencia, es la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a circunstancias difíciles (Vanistendael, 1994).

Pero y, sin duda, junto con promover aquellas características saludables de los individuos, es necesario intervenir para disminuir aquellos aspectos que le impidan alcanzar el máximo de potencial dentro de su fase de desarrollo. De ahí que la promoción de la resiliencia puede ser fuente de inspiración para la educación, la política social y la labor social. Lo que me induce a preguntar, si un enfoque de resiliencia puede conducir a que se concentre la atención en la política social, lo que debiera ser una política de prevención de daños ¿sociales?.

La réplica a tales afirmaciones, es NO; ¿aun cuando el desarrollo del concepto de resiliencia ayuda a ver con claridad que existe esa dimensión en las personas y aporta una nueva mirada esperanzadora y optimista. Aun y con todo eso, sigue siendo NO, la respuesta.   Porque solo es la existencia de una trama compleja de hechos psico-sociales, algunos de los cuales se asocian con daño social, y otros sirven de amortiguadores del impacto de éste. Los factores protectores pueden actuar como escudo para favorecer el desarrollo de seres humanos que parecían sin esperanzas de superación por su alta exposición a factores de riesgo. Pero no ataca el “verdadero problema”. ¿Porque?, a ciencia cierta no lo sé.

Conclusión

 Nuestro conocimiento de las condiciones, procesos y resultados de la resiliencia está lejos de ser exhaustivo.

Diversos estudios que se suman a lo descrito, han demostrado que ciertos atributos de la persona tienen una asociación positiva con la posibilidad de ser resiliente; por ejemplo: control de las emociones y de los impulsos, autonomía, sentido del humor, alta autoestima (concepción positiva de sí mismo), empatía (capacidad de comunicarse y de percibir la situación emocional del interlocutor), capacidad de comprensión y análisis de las situaciones, cierta competencia cognitiva, y capacidad de atención y concentración.

También se han encontrado condiciones del medio ambiente social y familiar que favorecen la posibilidad de ser resiliente, como son: la seguridad de un afecto recibido por encima de todas las circunstancias y no condicionado a las conductas ni a ningún otro aspecto de la persona; la relación de aceptación incondicional de un adulto significativo; y, la extensión de redes informales de apoyo.

Resolver problemas que incluye la habilidad para pensar en abstracto reflexiva y flexiblemente, y la posibilidad de intentar soluciones nuevas para problemas tanto cognitivos como sociales, sin duda, es un excelente y pretencioso propósito.

Tener, conocer y ejercitar la habilidad para poder actuar independientemente y el control de algunos factores del entorno, es ineludible e impostergable; por ejemplo, identificar y en consecuencia accionar la habilidad de separarse de una familia disfuncional y ponerse psicológicamente lejos de los padres enfermos, como una de las características más importantes de quienes crecen en familias con problemas de alcoholismo, adicciones y enfermedad mental.

Entonces, ¡sufres de violencia porque quieres!, no estás obligada a vivirla, aceptarla y mucho menos normalizarla, tienes la capacidad de “cambiar”, ser la estrella de la resiliencia y escribirte otra historia. No porque naciste en la pobreza, crecerás y morirás en ella o vivirás siendo pobre.

Es apremiante, reconocer aquellos espacios, cualidades y fortalezas que te permiten enfrentar positivamente experiencias estresantes. Tenemos la capacidad para sobreponernos a la adversidad, crecer y desarrollarnos adecuadamente, llegando a madurar como un ser adulto pro-activo y competente, pese a los pronósticos desfavorables y contrarios.

Si bien se entiende, la resiliencia como una capacidad humana y universal que está presente en las distintas comunidades, etnias y culturas, creemos que tiene rasgos y características particulares de acuerdo a los diferentes contextos en que se manifiesta.

Por ende, la resiliencia no debe considerarse como una capacidad estática, ya que puede variar a través del tiempo y las circunstancias. Es el resultado de un equilibrio entre factores de riesgo, factores protectores y la personalidad del ser humano. Esto último permite elaborar, en sentido positivo, factores o circunstancias de la vida que son desfavorables.

¿Seremos capaces de demostrar que ciertos atributos como el control de las emociones y de los impulsos, autonomía, sentido del humor, alta autoestima (concepción positiva de sí mismo), empatía (capacidad de comunicarse y de percibir la situación emocional del interlocutor), capacidad de comprensión y análisis de las situaciones, cierta competencia cognitiva, y capacidad de atención y concentración, tienen una asociación positiva con la posibilidad de ser resiliente?.

Tienes disponibilidad y ¿colaboras?  y si…..¿ lo demostramos?…

Bibliografía:
Badilla Alán, H. (2016). Para comprender el concepto de Resiliencia. Revista Costarricense De Trabajo Social, (9). Recuperado a partir de https://revista.trabajosocial.or.cr/index.php/revista/article/view/229
Departamento de Psiquiatría y Salud Mental. https://psiquiatria.facmed.unam.mx › uploads › 2022/06
Gardiner, M. (1994). El Icono dañado: una imagen para nuestro tiempo. En Revista: La Infancia en el Mundo. BICE.. Vol 5
Puerta H, E. y; Vásquez R., M (2012). Concepto de Resiliencia. Consultado y disponible en: https://www.udea.edu.co/wps/wcm/connect/udea/8053e5b2-7d04-4997-9dc0-4dcada70658f/BoletA%CC%83%C2%ADn+2_Concepto+de+Resiliencia.pdf?MOD=AJPERES
Rutter, Michael (1993). La “Resiliencia”: Consideraciones Conceptuales. Journal of adolescente Health. Vol 14, No. 8, Society for Adolescent Medicine, New York.
Salebeey, D. (1996). The Strengths Perspective in Social Work Practice. En: Social Work (Journal of the National Association of Social Workers). Vol 41 No 3.Washington D.C.
Vanistendael, S. (1994). La Resiliencia: un concepto largo tiempo ignorado. En Revista: La Infancia en el Mundo. Vol 5 No.3. BICE., Montevideo.

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