Campañas mediocres

Bernardino Vazquez Mazatzi

Escritor y Periodista

 En términos generales, las campañas electorales son una vergüenza. Si bien hay honrosas excepciones pues no hay que negar la existencia de políticos con cierto nivel de preparación y algo de honor y dignidad, es innegable que el proceso de convencimiento al electorado es un depósito de basura y un catálogo de ignorancia y guerra sucia.

Para los mexicanos, urgidos de respuestas, de propuestas y esperanzas, los candidatos presidenciales no tienen la mínima idea de lo que le hace falta al país. Simplemente no están a la altura de las circunstancias y los tiempos. Es mucha patria para tan pobres candidatos y es mucho el vacío de poder y autoridad para personajes tan mínimos.

Los mexicanos estamos hartos de tanta basura, de tanta porquería que escuchamos y vemos en lo que ellos llaman campañas. Los miles de millones de pesos que destina el Estado a promover un proyecto de nación sirven para agredir, denostar, humillar, aplastar y avergonzar al contrario. Los mensajes son simplemente vulgares, corrientes, indignos de una sociedad que se pretende demócrata. La violencia verbal ha sustituido la palabra, el argumento, la razón, una visión de crecimiento y desarrollo.

Es tanta su fijación por el contrario que se han olvidado de sus origines y objetivos y han centrado sus energías, imaginación, recursos y visión en destruir al oponente a quien ya ven como enemigo y no como otro candidato. No hay mensaje en el que no mencionen al aspirante de la otra ideología con la intensión de aplastarlo, desaparecerlo, hundirlo con rencor en el desprecio del electorado.

Su ceguera los lleva a inventar fallas y errores y se conciben un pasado que los avergüence, los exhiba, los acuse intentando con ello enviarlos al olvido, al desprecio y animadversión de los ciudadanos y de ser posible, al espacio exterior, en donde no estorbe para seguir una campaña fallida y buscando llegar a un imposible triunfo.

Los mexicanos no merecemos este nivel de política y no queremos este tipo de políticos. Mientras el país se desangra en una guerra absurda y sin control, los mediocres candidatos nos atosigan con estupideces y ocurrencias propias de ignorantes. Mientras a México lo aturden y lastiman los feminicidios, la pobreza extrema, la corrupción, la impunidad y el bajo nivel de aprovechamiento escolar, los carísimos candidatos se la pasan agrediéndose y disparando cuanta ridiculez se les ocurre.

Mientras a nuestro país le urgen respuestas posibles y acciones contundentes en materia de seguridad, de educación, de empleo, de paz social y desarrollo, los políticos nos responden con aberraciones abonando el clima de encono y violencia que ya es común en muchas zonas de la república.

El electorado necesita, exige propuestas y respuestas para responder a los jóvenes sus necesidades de empleo, a las mujeres sus garantías de integridad física, a la industria su derecho a la paz social para invertir, al pueblo en general el cumplimiento de sus anhelos de realización y estabilidad.

Pero justo cuando la sociedad espera el proyecto viable y posible, el discurso conciliador, el mensaje de esperanza, las palabras para unir a una sociedad polarizada pero hermanada en la desigualdad y el temor, aparecen los candidatos a la presidencia de México para ahondar nuestras diferencias y rencores, para señalarnos como contrarios y enemigos.

Hoy como siempre, los políticos y los partidos nos dicen que por encima de la patria están los intereses de unos cuantos y que el poder está muy lejos de la sociedad. Ganar a cualquier costo, matar para llegar, si eso fuera necesario, engañar si de triunfar se trata, degradar a la persona con tal de hacerla perder y utilizar todo el poder del dinero para obtener la victoria indigna es la divisa del presente proceso electoral.

La mezcla de ideologías políticas antagonistas, ese como vómito de colores y siglas contrarias desde su origen, esa fallida selección de los candidatos encabezados por el PRI y el PAN y ese remedo de políticos aspirantes dizque independientes no podría tener un final feliz. Es una aberración desde su concepción. Ahora se ve como lo que fueron desde su inicio: una estupidez. Y lo que falta.

No, señores políticos, no, señores candidatos, no son lo que merecemos los mexicanos, no son lo que esperamos. Y salvo honrosas excepciones, salvo unos cuantos personajes y uno que otro aspirante todavía honrado, ustedes son una vergüenza.

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