Besos y abrazos…

Bernardino Vazquez Mazatzi

Escritor y Periodista

Los días que restan para que concluya el año habrían de servirnos para hacer un balance de lo hecho y lo omitido en este 2017. No se trata únicamente de reconocer la falta del cumplimiento de los propósitos que alegremente nos propusimos en el ya lejano 2016, sino también de crear los escenarios y condiciones para hacer realidad los propósitos hacia el 2018.

En lo particular y en lo general, desde el ámbito privado y desde los gobiernos, decirse satisfechos por lo logrado implica reconocer limitaciones y exhibir nuestras debilidades y conformismos. Aceptar una frase que implique darse por vencido o creer que lo hecho y logrado es suficiente o mucho o insuperable quiere decir que se ha alcanzado el límite y que nada hay después por conquistar.

En los informes municipales y hasta en el del titular del poder ejecutivo estatal, además de la ausencia de la autocrítica, hubo esa sobrada cantidad de autoelogios, de reconocimientos de uso personal y de destinatario particular con mensaje para la sociedad. Lo hecho, según la consigna, fue lo nunca antes logrado, lo jamás anteriormente alcanzado, lo inimaginable, lo insuperable, lo que ni siquiera la sociedad más ambiciosa pudo haber creído que se podría lograr.

En algunos informes que no fueron otra cosa que un catálogo de buenas intenciones y la lectura del plan de desarrollo, en donde los funcionarios ni siquiera leyendo pudieron darse a entender o pronunciar de manera correcta y coherente, se contó con el exceso de elogios de consumo personal y de gusto y satisfacción por lo… por lo que se desea hacer… por lo que tal vez pueda ocurrir, por lo que tal vez se haga…

En pocas palabras, los presidentes municipales y en general las autoridades en su conjunto, que no son más que empleados del pueblo, gente que se alquila por un salario para servir y dar buenos resultados mediante una atención respetuosa, eficiente y eficaz, simplemente no han cumplid las expectativas que generaron entre la sociedad. A un año de gobierno el pueblo se siente defraudado y más que eso, considera que no están dadas las condiciones para que los gobiernos de cualquier nivel aterricen sus ideas y, dejando un lado los experimentos y los sueños guajiros con los que construyeron sus campañas, se decidan a hacer realidad lo que en el papel les salió muy bien.

Porque de alguna manera los pueblos consideran que en comparación con la promesa, los proyectos y los planes, la realidad es muy diferente y cruelmente inalcanzable. A los antes políticos aspirantes y ahora gobernantes les quedó bastante claro que la realidad es muy lejana a la visión que tuvieron cuando debieron prometer todo.

Esta situación de inconformidad casi generalizada, viene a dar de frente con las intenciones de los partidos políticos y los grupos de poder que ven con tristeza y preocupación cómo se les van esfumando las posibilidades de llegar a ocupar un cargo o mantener sus siglas y sus colores en el control del poder y todo, debido a la ineficiencia e ignorancia o despotismo de las actuales administraciones.

Conforme se acercan los tiempos electorales, que para los políticos todos los tiempos lo son, algunos miembros del poder dejarán de dar apoyo a los partidos y a los grupos que los encumbraron y abiertamente ofrecerán su respaldo incluso a sus contrarios, pues, de lo que se trata es de obtener la mejor tajada o cuando menos quedar lo menos afectados posibles ante el cataclismo electoral que unos representarán los resultados del próximo año.

Lo hecho por el gobierno, de cualquier nivel, salvo muy honrosas excepciones, en casos contados con los dedos de una sola mano, deja mucho que desear y la realidad, cualquiera que esta sea, los va a alcanzar en las elecciones del 2018. Claro, mucho hubiera servido la humildad y en ella reconocer fallas, omisiones, olvidos y todo aquello que sirviera para aminorar la crítica y la animadversión social.

Los días que le restan a este sangriento 2017 deberían servirnos para hacernos un examen de conciencia y saber en qué hemos fallado como sociedad y como individuos y más que culpar a los demás, habría que empezar a rectificar. Digo, para darle sentido a los buenos deseos y a tantos abrazos y besos navideños.

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