Mi Credo

Derechos Reservados

Bernardino Vazquez Mazatzi. 2013

Hace mucho tiempo decidí creer en la amistad, en la tuya y en la de cientos, quizá miles de personas anhelantes de un abrazo efusivo, de un saludo festivo y de una sonrisa franca.

Creo en el amor honesto, real, fuerte y eterno por la razón de que proviene del Dios que lo cede a raudales a pecadores y a justos, a ricos y pobres y a todo ser que respire y se mueva en el planeta tierra.

Me he propuesto creer en el hombre, y dejar la desconfianza para los sobrevivientes del segundo diluvio universal.

Aun con mis años y mis experiencias creo en la honradez y en las buenas intenciones, en los deseos de paz y de ventura.

Creo que este mundo es aún posible porque es deseable, en el que muchos se esfuerzan por alcanzar la justicia y la igualdad.

Tengo fe en la oración nacida del silencio y la reflexión, y en el perdón, producto del deseo por alcanzar la vida plena y merecida.

Me nace desde el fondo del alma creer en aquel que se conmueve con el llanto o con la risa de los niños y que se enternece con el semblante de los viejos… o con el amor y la bendición de una madre.

Creo en la pequeñez de la miseria y en la grandeza de una hormiga.

Confío en la libertad del preso porque creo que es necesario liberar también al carcelero; y creo firmemente en la voluntad del que anhela un cambio para el mundo, que modifique la sed de poder y de avaricia.

Pero, amigo, mi credo es una fuerza débil para modificar el rumbo del hombre, para vencer sus ambiciones y sus pasiones y para sembrar en su alma la conciencia, el derecho y la responsabilidad que lo haga humano por encima de sus propios miedos y sus fanatismos que lo ahogan.

Me hace falta tu voz y tus consejos, la luz de tus ojos que iluminen aún más este rumbo elegido libremente; necesito tus manos para apartar los obstáculos del camino, requiero de tus oraciones y de tus buenas acciones.

Deseo que imagines como yo un futuro cierto y lleno de esperanzas, en donde los mitos y los temores de la gente sean desterrados, en el que la fe en Dios no sea sustituida por los mensajes de las barajas y los astros.

Hoy, te pido encarecidamente, sueñes en un mañana venturoso, en mejores tiempos bajo el amparo del amor supremo de quien lo puede todo.

Creo en ti, hermano, y te ofrezco mi mano franca y limpia para que creas en mí; dame tu mano y juntos tomemos las de muchos para que nos ayuden a creer en nosotros mismos y que nos necesitamos… démonos las manos y hagámonos fuertes para ayudar y para servir tal y como se nos ha ordenado.

Creo en ti, porque creo en el amor, y creo en el amor, porque creo en Dios.

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