¿Cuándo lo adquirí? No lo sé, los primeros días una gripe, en el octavo día las cosas cambiaron, la tos y la temperatura aumentaron drásticamente hasta que mi respiración comenzó a ser más lenta y la debilidad me tendió en cama, la información aportada era hacerme la prueba, la cual se hizo, pero esto se complicó y escuchaba decir a los amigos que era mejor quedarse en casa y esperar porque de lo contrario no me volverían a ver con vida.
Con recursos limitados, lo último que me quedaba era el hospital COVID más cercano, haciendo caso omiso a los consejos de mis amigos, llegué a uno de los hospitales, aunque semi inconsciente, miraba a mi esposa peregrinar de un lado a otro para que me dieran atención hasta que fuera posible.
En una sala una persona gritaba y daba órdenes y me decía con una sonrisa “estamos aquí, te vamos a sacar adelante”, pero en sus ojos veía la desesperanza al pedir insumos que no tenían y aún así él se las arreglaba para mantenerse ahí, hasta que llegó el momento de entubarme, sentí cómo una daga entraba por mi boca y quemaba mi interior, lo último que vi, fue la mirada de angustia del doctor.

Treinta días después salí, convaleciente aún, di las gracias al personal y quise dar las gracias personalmente al doctor que me atendió, solo que la respuesta fue “él no lo logró”.
Poco tiempo después supe que a pesar de no tener los equipos de trabajo, asistió a muchos que, como yo, llegaron a ese hospital. La infección lo alcanzó, solo que no consiguió a un doctor como el que me atendió a mí.
¿Por qué viví yo y no él que tanta falta hace para salvar vidas? Entonces recordé que ellos hacen un juramento hipocrático y el mejor ejemplo fue este.
¿Por qué esta historia? Es triste decirlo, pero a nivel mundial somos el primer lugar en defunciones del personal médico; doctores, enfermeras, especialistas, camilleros y ayudantía que conforman una línea de batalla; diezmados en pertrechos médicos, pero firmes en salvar vidas.
¡Que el sistema no los confunda!
¡JUNTOS CON USTEDES!
Vaya pues una reflexión:
UN MINUTO DE SILENCIO, UN MINUTO DE APLAUSOS, ¿EN VERDAD ESE ES EL LÍMITE?
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