Opinión de Cristian Flores
El gobierno de Lorena Cuéllar se identificó por su peculiar fórmula para integrar su gabinete: abrir las puertas a políticos y funcionarios de otros estados, mientras los tlaxcaltecas observaban una falsa defensa a la soberanía de Tlaxcala.
No se trata de cuestionar que alguien nacido fuera de Tlaxcala pueda aportar experiencia o capacidad. El problema aparece cuando los cargos estratégicos del gobierno son ocupados por foráneos y se tiene que modificar la ley para hacer posible su llegada.
Eso ocurrió en 2023, cuando desde el Ejecutivo se impulsó una reforma para eliminar el requisito de ser tlaxcalteca para ocupar la Secretaría de Gobierno y con ello, beneficiar a Luis Antonio Ramírez Hernández, originario de Morelos.
Hoy, la discusión vuelve a la mesa con una iniciativa presentada el pasado martes por la diputada local del PAN Miriam Martínez Sánchez, que plantea establecer requisitos de arraigo y experiencia para algunas de las principales secretarías como la de Gobernación, Seguridad Ciudadana, Desarrollo Económico y Finanzas, mismas que actualmente están encabezadas por funcionarios nacidos fuera del estado.
Y aquí viene una pregunta obligada: ¿dónde quedó aquello de que Tlaxcala es para los tlaxcaltecas?
Porque la soberanía no solamente se defiende en los discursos ni sirve como bandera para los eventos institucionales. También implica decidir quién gobierna, quién toma las decisiones y qué tanto se escucha a quienes viven y conocen el estado. Si de soberanía hablamos, quizá sea momento de empezar por recuperar algo tan básico como el derecho de los tlaxcaltecas a gobernar Tlaxcala.
Felicitaciones adelantadas.
En días recientes, figuras políticas que forman parte del equipo de Alfonso Sánchez García inundaron las redes sociales con mensajes de júbilo para felicitarlo por supuestamente haber sido designado como “Coordinador de la Cuarta Transformación” en Tlaxcala.
La campaña generó polémica por la forma en que difundió una narrativa que, para algunos, pudo confundir a la ciudadanía al presentar como un hecho una designación que todavía no había sido anunciada oficialmente.
La pregunta obligada es: ¿con qué propósito se impulsó esta estrategia?
Horas después, la dirigencia nacional de Morena, encabezada por Ariadna Montiel, informó en conferencia de prensa que aún no existía una fecha definida para anunciar a los coordinadores estatales restantes.
Ante este escenario, surge la posibilidad de que la estrategia de Alfonso Sánchez García haya buscado posicionar previamente la idea de que él será el elegido para encabezar la coordinación estatal de la Cuarta Transformación. Y si la decisión final no favorece sus aspiraciones, esta narrativa podría convertirse en un argumento para cuestionar el proceso y señalar una posible imposición.
Más allá del resultado, el episodio muestra la importancia de las señales políticas en una contienda que apenas comienza, donde las percepciones y las narrativas también forman parte de la disputa por el poder.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.