Bernardino Vazquez Mazatzi
Escritor y Periodista
Este martes 7 de abril todo estuvo mal en Tlaxcala. La represión del gobierno del estado hacia los manifestantes y el bloqueo de transportistas y campesinos jamás debió ocurrir, como tampoco puede aceptarse la inseguridad en las carreteras, la falta de apoyo a los productores ni la corrupción de la autoridad y el constante asesinato de choferes y robo de unidades con mercancía.
Los operadores y empresarios no debieron, no deben, ni ellos ni cualquier grupo inconforme con lo que sea, obstruir las vías de comunicación en agravio de la sociedad. Su molestia y reclamo es contra el gobierno, no contra el pueblo que también es agraviado, afectado y víctima.
Cualquier lucha que busque reivindicar derechos, exigir soluciones, reclamar el cumplimiento de obligaciones o la respuesta positiva a las demandas pierde legitimidad y se ensucia cuando su resultado y consecuencia es afectar a inocentes, y como en la movilización de hoy, impedir la llegada de los cuerpos de emergencia para atender lesionados graves… las molestias causadas por el bloqueo agravian más a la sociedad que preocupación del gobierno.
Y el gobierno de Tlaxcala jamás debió recurrir a la violencia sustituyendo así la solución de las demandas, sean estas genuinas o falsas. La violencia no debe ser siquiera una opción pues quien recurre a ella demuestra su incapacidad de dialogar y exhibe intolerancia y uso excesivo de la fuerza.
La violencia institucional es políticamente incorrecta pues manda el mensaje de que el pueblo, o las organizaciones o la sociedad van en demanda de seguridad y reciben agresión. Jamás tendrán razón quienes afectan, dañan, lesionan, obstruyen y afectan desde cualquier posición.
No se trata de saber o discutir sobre quién tiene la culpa o la razón… se trata de que una demanda justa o excesiva o abusiva y una respuesta buena o mala no tengan consecuencias negativas como afectaciones a terceros, pérdidas económicas, molestia de inocentes y cualquier otro tipo de violencia.
En estos momentos, lo que se haga o deje de hacer tiene mensaje político y el saldo es negativo para el régimen actual y para el partido del que surge. Lo ocurrido hoy en Nanacamilpa puede ser y es un acto legítimo del gobierno pero no es correcta la forma. Y tampoco lo es de parte de transportistas y campesinos.
Tlaxcala es, otra vez, noticia nacional y no precisamente para presumir el deporte internacional ni lo maravilloso que es el estado, sino por, otra vez, la imagen de la violencia y la ausencia de diálogo y tolerancia de las partes. Criticable y condenable esto.