Bernardino Vazquez Mazatzi
Escritor y Periodista
La guerra en Medio Oriente representa el fracaso de la raza humana o lo que es lo mismo, significa la negación de la especie supuestamente civilizada. Toda la tecnología, la ciencia, la estrategia y el dinero están al servicio de la destrucción, la muerte, el derramamiento de sangre y la sed de dominio económico, geográfico y de recursos naturales.
El conflicto bélico, que podría ser la antesala de la aniquilación humana, no entiende de religiones, aunque sea su origen o parte de él. No conoce de piedad o de condiciones de pobreza o de edades. Los protagonistas arrasan con infraestructura petrolera, escuelas, hospitales, carreteras y con todo aquello que haya creado el hombre para bien o para mal.
La guerra es el conjunto de todas las estupideces de la supuesta especie inteligente del universo. El régimen iraní, retrógrada, fanático, misógino y violento, abrió las puertas del infierno desde adentro del país y dio pretexto a occidente para invocar la violación a los derechos humanos para justificar el hostigamiento y el ataque de Estados Unidos e Israel.
La guerra en Medio Oriente no es para que alguien se alce con la vitoria: es una derrota de la inteligencia y una muestra del primitivismo en una era de presunta inteligencia y avance tecnológico. Invocar la inserción por la fuerza de una cultura al sistema democrático o la liberación de una nación de la opresión no es un buen pretexto. Es absurdo. Argumentar la presunción de que un gobierno está produciendo armas nucleares para la invasión no es convincente.
Estados Unidos es una nación en decadencia y tiene miedo. El dólar, su moneda, ha dejado de ser la divisa de aceptación universal. Naciones de Asia ya no la utilizan para sus intercambios comerciales con otros continentes; los gringos registran enormes déficits en su balanza comercial y su deuda ha crecido de forma alarmante. La pobreza en el norte está a niveles inaceptables y la producción de bienes de consumo generalizado están siendo desplazados por productos extranjeros.
Estados Unidos se fue quedando poco a poco sin opciones de crecimiento y su dominio económico se fue a pique. Por eso, en su desesperación y temor, Donald Trump se dedicó a imponer aranceles a todo y a todos y a amenazar a naciones con o sin dictadura con invadirlas. Lo cumplió con Venezuela y asegura que siguen Cuba, Nicaragua y… México.
Los pretextos son lo de menos. A los gringos no les importan los derechos humanos, ni los miles de drogadictos de su patria, ni la democracia, ni la paz del mundo… quieren petróleo, territorio, fortalecer su industria bélica… todo por medio del terror, la muerte y el despojo.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es la mecha que puede incendiar y hacer estallar un conflicto global. Poco a poco más países se van involucrando. Jordania, Irak, Líbano, Kuwait, Dubái y otras naciones de la región están siendo blanco de misiles y están siendo el pretexto para que otras potencias intervengan. Japón, China, Corea del Norte y Arabia Saudita están a nada de tomar partido por alguno de los bandos. Ese simple supuesto es terrorífico.
De cualquier forma, Washington calculó mal. Dijo que el ataque a Irán era puro trámite, juró que un simple bombardeo y un alarde de poder militar eran suficiente y que en dos o tres días quedaría aniquilada la posibilidad de que los musulmanes produjeran armas nucleares. Teherán ya demostró ser mucha más que un país de pobres y su capacidad armamentista asusta al mundo porque representa el riesgo de una escalada que no tiene regreso.
Mientras Estados Unidos y sus aliados de Europa y Occidente piensan cómo solucionar un conflicto que pudo y debió solucionarse por medios diplomáticos, el daño a la economía del mundo es incalculable y traerá como consecuencia más pobreza en las naciones pobres y un desequilibrio energético que va a poner en riesgo la viabilidad política y económica de amplias regiones del planeta. Por lo pronto, el precio del barril de petróleo llega a niveles inaceptables y la economía estadounidense sigue cayendo, contrario a la previsión y deseos de su loco presidente.
Y no, no hay una solución pronta ni pacífica al conflicto bélico, por el contrario, la guerra, como el más cruel cáncer, se extiende y se agrava por lo que representa el cierre del Estrecho de Ormuz y por el ataque a la infraestructura petrolera de los países involucrados. Pronto la crisis energética va a involucrar a más naciones con consecuencias nada favorables.
La devastación es ya notable y lamentable no sólo en Irán e Israel, sino en los otros países involucrados. Y también es muy visible la brutalidad humana que al hacer uso de la violencia ha dado muestras de su incapacidad para dialogar y entender. El exterminio masivo de seres humanos no es más que una señal de que como raza civilizada e inteligente, hemos fracasado y seguiremos dando muestras de que, de la historia, no hemos entendido nada.