Bernardino Vazquez Mazatzi
Escritor y Periodista
Gobernar no es fácil… y menos en estos tiempos de modernidad y de proliferación de expertos en todo, de opinólogos certificados, de doctorados en crítica política y licenciados en descalificaciones al por mayor. Gobernar, para una mujer, es garantía de denostación, es riesgo de ofensa continua y de rechazo a su actuación diaria. Como nunca, la mujer que destaca en la vida pública como gobierno la convierte en blanco de agresiones injustas.
La crítica y la descalificación hacia la mujer funcionaria generalmente provienen de gente que jamás ha ocupado en un cargo público, o que lo tuvo, pero no cumplió expectativas propias ni ajenas. No tienen ni idea de lo que dicen, pero lo dicen autoconvencidos de que sus juicios condenan a la mujer al rechazo generalizado. En este sentido, la mujer se encuentra vulnerable ante el ataque impune de jueces vulgares y consientes de la cobardía y el anonimato.
Resulta triste leer en las redes sociales la opinión de hombres y mujeres en la que deliberadamente y con total “libertad” se agrede a la funcionaria de cualquier nivel incluso asignándoles apodos hirientes e insultantes. Desde la cobarde posición del “participante anónimo” el agresor y la violentadora escriben creyendo que orientan a la administración pública y desaprueban toda acción así sea de comprobado beneficio colectivo.
Pocas mujeres funcionarias se enganchan contestando la agresión anónima. Las que han respondido a la ofensa les ha ido peor. Si bien la crítica constructiva les sirve para conocer de sus fallos o para reorientar su estrategia, ante la andanada de descalificación sin fundamento prefieren cerrar esa forma de atención a su quehacer, aunque con ello también le cierren las puertas a una forma antes eficiente de saber escuchar y de humildad en el servicio público.
Hombres y mujeres críticos quieren, esperan, exigen y creen merecer personas perfectas, totalmente perfectas en su hacer y decir. No aceptan el mínimo error y se convierten en implacables jueces que sentencian si acaso equivocan un nombre, una fecha, un lugar, una cifra. No aceptan la mínima falla en su vestir, en sus preferencias alimentarias y las ponen en el centro de la lupa si viajan, si se visten bien o mal según su criterio y ven mal a sus amistades y no aceptan a sus colaboradores.
Cada fin de mes, a nivel nacional y mundial, se habla de la No Violencia contra la Mujer y todo eso queda en buenas intenciones y sirve de burla ante constante intimidación hacia el sector femenino por parte de las mismas damas y hombres. En realidad, no existe la violencia de género. La violencia no conoce de eso. Porque la ejercen entre ellas mismas y ejemplos hay por miles. En talleres de costura, en oficinas de gobierno, en la misma familia y en el barrio, se dan casos de violencia de ellas contra ellas.
La mujer en el poder debe tener la piel impermeable, aunque eso tenga que impedir que se vuelva insensible. Debe poner oídos sordos a los agresores sin dejar de escuchar las demandas más sentidas, debe ignorar a quienes la atacan, pero no puede alejarse de quienes las buscan, debe llevar una vida decorosa y transparente sin que ello deba significar renunciar a su libertad y gustos. Debe ser fuerte sin volverse dura y debe ser dadivosa sin que eso quiera decir que cede a presiones por intereses ajenos a su trabajo de servidora pública.
La mujer se ha empoderado, ya está en donde buscó estar, y lucha por llegar más arriba, lucha por seguir más adelante, sabe que le falta por cumplir su rol y su realización, pero se enfrenta a su propio género, al hombre que debiera ser su apoyo. En ellas se representa claramente el cuento de los cangrejos en la cubeta.
Los y las oponentes agreden, ofenden, critican agriamente, juzgan y sentencian. Pareciera que el fracaso y el error de las gobernantes los hará gozar y festejar. Le apuestan a un gobierno a la deriva, a un rechazo como linchamiento a la mujer que se atreve a llevar las riendas de un municipio, del estado, que ha osado representar a Tlaxcala en el senado, en el Congreso de la Unión, que destaca en la función pública federal. El recurso ruin que dibuja de cuerpo entero al agresor y agresora, sugiere a la gobernante como sustractora de dinero en supuesto agravio personal y popular.
La violencia contra la mujer no está sólo en los golpes, los insultos, ni en la negación de derechos y oportunidades o en la falta de oportunidades y en la ausencia de igualdad, la violencia cruel se oculta en las redes sociales, en la impune y cobarde opinión de gente que está siempre en contra de todo y a favor de nada, en seres que le apuestan al fracaso femenino para creerse infalibles.
Y como toda forma de violencia, esta es igualmente condenable, aborrecible, vergonzosa y urgente de combatir. No es justo que la mujer tenga que soportar tanta agresión a cambio de una oportunidad por realizarse en todos los sentidos. La violencia no puede ser sinónimo de triunfo personal. La política no debe tener como compañera a la violencia oculta o frontal.
Vienen tiempos electorales y la mujer nuevamente estará en el centro de la atención social y otra vez será la protagonista principal y, por desgracia, este fenómeno de agresión no va a disminuir, por el contrario, volverá a ser un tiempo para exhibir la peor forma de comportamiento humano… qué triste.